domingo, 16 de mayo de 2010

¡Independencia!

"Como todos los domingos, nos sentamos alrededor de la mesa de Bernardo (heredada de su padre Ambrosio). Traté de hablarles de los contingentes problemas de la sociedad, pero cada uno estaba en lo suyo: Diego hacía garabatos en un papel, José Miguel galopaba en su corcel, Bernardo hablaba por Messenger y Balmaceda estaba en una tremenda depresión (“Me voy a matar”, decía). A Manuel nunca lo pudimos ubicar, porque siempre se cambiaba de ropa; Salvador no veía nada, y menos con esos lentes y Augusto pasaba en el hospital por “gripe”.

Yo, bueno, yo trataba de sacar algo en limpio”

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